Hay una casa en las afueras de lo extraño
desde sus ventanas que ya nacieron abiertas
siempre una mujer mirando hacia luces lejanas
aprendiendo a leer entre las intermitencias,
en los espacios callados, en la respiración
donde brevemente descansa la verdad.
En esta casa, en esta mujer siempre encendida
ya ardieron los que no se acercaron al calor
aquellos que pusieron nombre a su destierro.
Asomada en los ojos de los días y de las noches
mira sin mirar el agujero negro en la pared
allí por donde entraron los asedios,
y abrazando la desnudez del animal , la cicatriz
por donde se fueron el plomo y el acero
escribe en los márgenes del río, sobre profundas humedades.
Esta casa, esta mujer que se habitan, me miran desde el cuadro.
Constanza Everdeen.