Al apagar la vela, cuando muere un marinero
mi cuerpo habla con la oscuridad de tantas otras noches
sobrevive como el océano a los días
agitando la eternidad que muere al abrazar la orilla.
Cuando brota la llama, el silencio me reclama con sus ojos fríos
todo lo que me arde se hace invisible al ruido
se mueve a través de angulosos pasillos
como el anhelo buscando su destino.
Aquel lugar ya no nos grita, se ha vestido de nombres mudos
ya no se escucha la canción de nuestro tiempo
ahora las aves voraces migran a otros pensamientos
anidarán en la misma tristeza, apartarán los recuerdos llenos.
Constanza Everdeen.