domingo, 18 de enero de 2026

Llueve y nada duele.


Llueve y el suelo está lleno de espejos

todos los reflejos me devuelven la tristeza

la belleza de esa verdad que me es leal.


Llueve y entiendo por qué lloran los cristales

y me siento más solitaria, menos sola

noto cómo crecen mis raíces entre las piedras

las aguas de las que nací, el poder de mis mareas.


Llueve y por los darros del alma se van los enemigos

y se limpian las orillas, se diluyen los bucles, las prisiones

reverdecen las vísceras, el bosque intacto, la savia dulce.


Llueve y nunca antes, y siempre

todo lo que espero es la lluvia, el cauce incontenible

y abrazo la esperanza de los puentes, 

beso con todo el cuerpo, mi desembocadura entre las olas.



Constanza Everdeen.