domingo, 15 de marzo de 2026

Cuadro de una casa y una mujer que se habitan.

Hay una casa en las afueras de lo extraño

desde sus ventanas que ya nacieron abiertas

siempre una mujer mirando hacia luces lejanas

aprendiendo a leer entre las intermitencias,

en los espacios callados, en la respiración

donde brevemente descansa la verdad.

En esta casa, en esta mujer siempre encendida

ya ardieron los que no se acercaron al calor

aquellos que pusieron nombre a su destierro.

Asomada en los ojos de los días y de las noches

mira sin mirar el agujero negro en la pared

allí por donde entraron los asedios,

y abrazando la desnudez del animal , la cicatriz

por donde se fueron  el plomo y el acero

escribe en los márgenes del río, sobre profundas humedades.




Esta casa, esta mujer que se habitan, me miran desde el cuadro.




Constanza Everdeen.
















domingo, 1 de marzo de 2026

Otros pasos.

Ahora es más difícil cambiar de luna

no poner abundancia de palabras 

en el plato vacío que sirve el hambre

porque ahora los pies y el camino son descalzos

y con los pasos se acaricia el miedo y el mundo.


Aquí dentro llueve la vida y ya no hay tejados 

todo lo muerto o marchito se diluye

en la canción rumorosa del agua

nace en el húmedo desafío, otra mirada,

otra visión para cambiar de lugar lo que duele.


El pensamiento se mueve como un felino por el cuerpo

y no hay tiempo, ni necesidad de hacer las maletas

o deshacer la cama donde no duermen los sueños

ahora es más fácil leerse el cuento, sonreír

y no creérselo.



Constanza Everdeen.

domingo, 22 de febrero de 2026

Escribir, siempre.


Llegan así las letras, hirviendo en la vida

levantando sus manos, demandando las mías

quieren manifestar que duermen poco

que todo lo sostienen cuando no llueve

y llueve todo.


Palabras dispuestas a mostrarse

a honrar la belleza de las espinas

a desnudarse de ropas calladas

dejándolas caer sobre el lienzo virgen. 


Escribir es hacer del testimonio, el latido

encauzando la oscura tinta 

desde los afluentes del corazón

a la luz de la metáfora perdida.


Escribir es otra forma de amar

de cabalgar el dolor, barrer la carencia,

es conciliarse con las sombras

al calor de la añoranza de sus propias letras.


Escribir es herir el papel

es gritar, proteger el silencio, la piel

es arrancar límites, saltar las distancias

sentir la caricia de la búsqueda y el encuentro.


Escribir es la verdad,

escribir, siempre.


Constanza Everdeen.










domingo, 15 de febrero de 2026

Todos los días se engendran ruinas.

Esas ruinas se parecen a aquellos días

llenos de hiedras lentas e infinitas 

enganchándose al peso de su memoria

atravesadas por el silencio de un manantial

escondiéndose del olvido de aquel esplendor.


Dentro de este paisaje, lo miro de lejos

como un cuadro huérfano y pálido

como un sueño raro parido en una cripta

con el dolor del agua aún en la piel.


Esas ruinas también a mí me miran

y no me reconocen, y tiemblan como un imperio

ven la luz de un beso frío, sin deudas

un poema cálido abriéndose a una nueva noche

donde engendrar otros colores.



Constanza Everdeen.

domingo, 18 de enero de 2026

Llueve y nada duele.


Llueve y el suelo está lleno de espejos

todos los reflejos me devuelven la tristeza

la belleza de esa verdad que me es leal.


Llueve y entiendo por qué lloran los cristales

y me siento más solitaria, menos sola

noto cómo crecen mis raíces entre las piedras

las aguas de las que nací, el poder de mis mareas.


Llueve y por los darros del alma se van los enemigos

y se limpian las orillas, se diluyen los bucles, las prisiones

reverdecen las vísceras, el bosque intacto, la savia dulce.


Llueve y nunca antes, y siempre

todo lo que espero es la lluvia, el cauce incontenible

y abrazo la esperanza de los puentes, 

beso con todo el cuerpo, mi desembocadura entre las olas.



Constanza Everdeen.