viernes, 1 de noviembre de 2019

Vereda verdadera.

Metida en tu vereda,
bebo tu verdad
que es la mía,
de sabor dulce y amargo
como nuestra danza inconsciente
entre helechos encriptados
y álamos de luna.

En el erguido tallo del girasol
brotando de los campos
de la avena invencible,
en cada vena y aliento
muere y nace el día.

Al abrigo discreto de la vaguada
retozamos sobre el lecho otoñal
con el deseo de mil vidas,
girando el cielo en órbitas de placer
de azul profundo y extendido.

Las nubes deshiladas
nos acarician el tiempo,
la edad de habitarnos
bajo hábitos dementes,
locura incendiada
de los que aman y no se conocen,
de los que no necesitan ser vistos
y anhelan verse.



Constanza Everdeen © ®




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