Todas las heridas habitan en la misma grieta
todas escuchan cómo se rompe el agua dentro
las distancias invisibles son las que más duelen
y en la noche larga arañan.
Los ecos del latido contra el muro del silencio
el agotamiento de lo mismo, del río seco
las distintas formas de añoranza
la fría piedra de tu alma, los cerrojos del cuerpo.
Mis manos te han visto y mis ojos te han tocado
ya no tiembla la tierra, nada es cercano
ni siente tus colores sombríos
invadiendo las paredes de la casa.
Aquí no hay nada roto,
todo son trozos, piezas, secuencias
soy entera, sin parcelas en las que puedas quedarte
ya nada mío alumbra tu puerta.
Constanza Everdeen.
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