He venido a desafiar las leyes de tu física a tenderte escaleras imposibles, eres lluvia siempre esperada y mis pies están descalzos. Vengo a despeinarte a que me beses en templos giratorios acogidos en la ensoñación de húmedos palíndromos. Si lanzo la moneda la fuente es el mar, me transformo voluptuosa ante tu traje impecable, como mitos en blanco y negro sólo pido tus místicos deseos. Nos asomamos a la víscera contenida en palabras elegantes y críticas, ceñidas a mis caderas y a tus manos atadas, las que más existen. Agitando el alma, calmando el cuerpo si te sueño, sucedes.
Amar es otra forma de llover las lágrimas también son incendios, lo salino y fluido erosionando la piel mares muertos, palabras vivas aún sabiendo de nuestra extinción. Estás y todo es agua cauce suntuoso por el que se deslizan tus dedos desdibujando juicios, imprevisible caudal donde quizá ahogues la pena escondida. Lloro menos cuando me dueles grito más cuando me reconcilio contigo y con la vida, aguanto esta caladura porque eres lo más parecido al océano invadiendo mis puntos cardinales, a la vista o en oculto siempre a tu alcance. Geografía suspensiva y a parte en la que gobierna la esperanza de que te quedes hasta el final.
Nunca desapareces. Cierro los ojos para orientarme y sentir los tuyos. Me acaricia tu sombra como libidinosa pluma, intenciones latentes deslizándose por mi desnudez. Se clavan en mí las flechas imantadas y sublimes, advertencia sigilosa que devora toda memoria que no seas tú. Mezclando lo orgánico y lo intangible, creando paletas de colores donde hacernos plenos y eternos. Derrites el tiempo haciéndolo todo líquido, resbalando por mi piel como dulce hontanar. Susurras lazos petición de versos y yo no te los doy, te los entrego. Sacudidas y estrellas desafiando todo lo fugaz tomando todos los desvíos y desvaríos para hacerlo perdurar. Creando imágenes secretos y decretos, quiero admirarte pensativo antes de que me culmines, estirándome como un gato sobre el diván junto a la ventana. Mordemos la vida porque el pecado sería no dar el bocado. Somos afortunados creyentes del deseo, amantes eléctricos nunca arrepentidos.
El silencio ese desbaratador de ilusiones enigmas dilapidados entre rutinas vinimos a deshacernos la cama, acabamos con las ganas tristes y los afluentes ordenados. Nos veíamos más allá de los ojos tocándonos como ciegos éramos exceso en pleno naufragio retando malos augurios inventados por otros. Encontrarnos en la misma huida hizo que deseásemos más el alcance de la piel y del refugio de días de lluvia bajo las mismas sábanas. Ahora todo son paraguas sin parábolas húmedas todo lo que se carga es seco y repetido. Ya no espero despierta cuando regresas para no ver que te has ido.
Tus caricias son llamas, constante de explosiones solares sobre mi piel obediente. Ingrávida y musical fuerza irresistible hacia tu fondo. Dos botones de tu camisa desojalados, puerta abierta del lugar donde siempre anhelo respirar aroma a mar y trementina bálsamo de mi alma dolorida. Creces entre el sonoro mutismo y ciclones que todo lo despeinan. Haciéndonos un amor Con palabras, nunca visto Sin nada que nos cubra Sólo el cielo estrellado de intenciones Y el tiempo detenido.