jueves, 24 de mayo de 2018

Conviene recordar.

Hay días que la mirada se nos vuelve un asilo abandonado.
Se mueve el cuerpo en un ir y venir impersonal,
como roedores en una rueda sin fortuna.

Un destello repentino y reparamos en nuestras manos huecas.
Resuena en ellas el eco de lo que acariciaron,
sin saber cómo lo desposeyeron,
en un cuándo despiadado que avanza,
resistiéndose a su término.

Renegando lo que ya está en tinta sobre papel,
el alma se transfigura en un objeto perdido que nadie reclama.

Lástima y no de que mis lágrimas no sean tan volubles como tus entrañas,
pero recordar es pasar por el corazón dos veces
y yo no nací para ser desierto si no para conjugar la lluvia.

Ese conjunto de latidos generosos con los que conjurar las vidas.





2 comentarios:

  1. Ese conjunto de latidos generosos con los que conjurar las vidas.

    Bello cierre para un hermoso poema, saludos.

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